lunes, 21 de septiembre de 2015

Tormentas, heraldos del invierno.

No tienen que asustarnos las tormentas otoñales... siempre las tuvimos. Hay un viejo dicho: “Cuando Dios quiere hasta en agosto cae nieve”. Seguro que alguna vez sucedió.



 

El jardín resiste estas embestidas del mal tiempo. Las anémonas parecen no enterarse, las hortensias deseaban el agua y el viento no las perturba, y solo las rosas abiertas se resienten. Los helechos brillan con el verde de sus hojas lavadas. No podemos quejarnos.


Tengo el ánimo encogido por la tragedia de los refugiados - esa pobre gente que viene por esos caminos ¿Qué podemos hacer?

El Papa pide que todas las parroquias intenten recibir alguna familia. En las aldeas hay casas cerradas, hay tierras abandonadas... Pienso - sin  explotar a los dueños, por supuesto - ¿no sería posible entre todos pagar un alquiler para que alguna de esas familias pudiera tener un techo en el invierno? Estoy segura que  todos nos esforzaríamos al máximo en ayudar.











lunes, 7 de septiembre de 2015

Una receta de mi infancia.



Como chove miudiño,
Como miudiño chove.


Luego de tantos días tórridos agradecemos el inclinado sol de invierno que se adelanta con su luz tamizada anunciando el otoño.

La lluvia menuda que está cayendo es una bendición. Hasta ahora el jardín necesitó - una vez más - esclavizarnos para mantenerse “guapo”; muchos días estuvimos regando de siete a once de la mañana y de siete a once de la noche, y aun así las Heucheras - que tanto alabo por sus lindos matices y que parecían broches con piedras de colores brillantes - en pocas horas se volvían cartón piedra, aunque no estaban muertas, retirando lo seco aparecen brotes frescos y sanos.

Los rosales resistieron, casi diría más activos que otros veranos, gracias a las temperaturas más bajas. Supongo que el riego del entorno del jardín habrá ayudado a su bienestar.









El estanque fue motivo de preocupación: alguna piedrecita lanzada con demasiada fuerza - el juego predilecto de los niños - agujereó la lámina aislante del fondo. Tuvimos que colaborar todos y gracias a la habilidad de Celso, mi querido ayudante que con su extraordinaria intuición de jardinero autodidacta en dos días de trabajo consiguió - con nuestra pequeña colaboración - reponer peces, renacuajos, tritones y todos los nenúfares y otras plantas acuáticas sin grandes desperfectos y además salvando casi todo el borde que con el paso del tiempo se había cubierto de helechos, mentas y hermosas matas de hierbas.






El pasado domingo la lluvia escampó y celebramos el cumpleaños de Elena - seis años. Enamorada del jardín, de sus secretos y misteriosos rincones... Afirma - y con razón - que nadie conoce el jardín como ella. ¡Sus hermanas, no le pueden disputar ese saber!

Yo, su orgullosa abuela, le prometí que le prepararía para la merienda una vieja receta que en otros tiempos era habitual en las fiestas familiares. Perdonadme esta pequeña incursión en un campo que no es la jardinería, pero por si os parece de algún interés os dejaré aquí la receta:

Jamón cocido en vino blanco.

Se utiliza un jamón curado que hay que poner en remojo, cambiándole las aguas con frecuencia. Se dejará desalando más o menos tiempo, según su peso, nunca menos de 48 horas.

A continuación se lleva al fuego cubierto de vino blanco - utilizamos el que sea más abundante y barato en la zona - y se le añade una cebolla grande partida a la mitad, una cabeza de ajos ligeramente machacados (se les da un golpe, pero no se pelan), dos zanahorias, un puerro, hojas de laurel, una ramita de romero, bastante perejil y especias. Es importante no escatimar las especias: clavo, nuez moscada, granos de pimienta y unas dos o tres guindillas.

Estará en su punto de cocción cuando la piel se desprende.

Una vez cocido se seca con un paño limpio y se prensa, para ello se cubre con papel vegetal, se le coloca encima una bandeja grande y sobre ella se utilizan como pesos varios paquetes de lo que tengamos más a mano: azúcar, harina, etc…Como mínimo deberá dejarse 24 horas prensando.

Siempre acompañábamos este fiambre con compota de manzana bien apurada, o sea, hecha dejando que se pegue un poco al fondo de la tartera, añadiendo un pellizco de sal y unas gotas de vinagre. Esta compota se debe de cocer con poquísima agua para que resulte compacta, removiéndola de vez en cuando con la cuchara de palo de los dulces y raspando bien el fondo.

Me parece una mezcla perfecta aunque también una crema de castañas era un acompañamiento que se apreciaba.

Don Álvaro Cunqueiro habla, con su maestría y elegancia, de una receta muy parecida. En la Galicia rural, tan denostada injustamente, aún entre los menos adinerados se cultivaba el buen hacer en los fogones.

Como añoro las casas de puertas siempre abiertas donde en cualquier momento del día había una taza de café para ofrecer a quien pasara y saludara. Pobreza sí, disputas también; frío, lluvia y nieve, el humo con su olor acre y siempre: “¿Non entra? Entre e tome un café.” Era así en mi dorada infancia.



miércoles, 1 de julio de 2015

El comienzo del verano.


 Scarborough Fair de David Austin

 Me gusta que el verano comience con una riega suave. Hoy zarzalló, la temperatura es perfecta, y la luz - tamizada por algo de niebla - es suave como en los paisajes de esos pintores holandeses del siglo XVII que tanto me gustan.

Mi pequeño huerto agradeció la frescura de la noche después de los tórridos calores de los días pasados.

Ayer, con las primeras gotas de lluvia, las rosas brillaban esplendorosas. Os muestro algunas de las fotos que hicimos, aunque no sé si la cámara habrá podido captar el brillo y la suavidad de los colores.

  Grace de David Austin

 Scarborough Fair de David Austin

 The Shepherdess de David Austin

  Lichfield Angel de David Austin (¡con un insecto crisópido!)

 Rosal Helenae sobre el tejado.

  
Glamis Castle de David Austin

Ahora, que es cuando los rosales ingleses inician la segunda la floración, estamos luchando contra sus hongos. En la primavera y verano anteriores usé vinagre de manzana, pero sin grandes resultados. Este año estoy probando a tratarlos con aceite de Nem; me aseguran que no es tóxico. Ya rociamos tres veces un grupo de rosales, los más alejados de la casa, y el más atacado (Alfredo de Dalmás) se está recuperando lentamente.

La noche de San Juan me trae recuerdos de algunas travesuras de otros tiempos. La más celebrada en esta aldea fue conseguir retirar del corral de una casa un carro cargado de tojo con su dueño dormido encima. Este vecino, que era un cascarrabias y alardeaba de que con él nadie se atrevía, para impedir que le gastasen la misma broma de todos los años, hizo una cama con hierba seca en el carro y ahí se acostó. Despertó bien lejos de casa... pero sano y salvo.

¡Pobre señor Manuel do Queimado! Dios lo tenga en su gloria. Era un poco mal humorado pero hoy tengo para él un recuerdo tierno, y le pido que nos perdone las risas alegres - que no malignas - de aquellos días.

Como es costumbre este año también cogimos las siete hierbas: flor de saúco, tomillo, malva, manzanilla, laurel, helecho y rosas. Luego las dejamos en una palangana con agua de la fuente al relente durante toda la noche. Al día siguiente nos lavamos el rostro con esa agua perfumada. Podéis creerme, es un maravilloso tónico para la piel.

Feliz verano para todos.





















martes, 2 de junio de 2015

La danza del viento.



Cuando el viento zoa - expresión gallega que tanto me gusta - canto la "poesía del viento" que de niña, en mi colegio de Lisboa, memoricé. Con ella rodopiaba, o sea, bailaba sola, por el largo pasillo de mi casa.

Esta es:

"Dança do vento."

O vento é bom bailador,
Baila, baila e assobia.
Baila, baila e rodopia
E tudo baila em redor.

E diz às flores bailando:
- Bailai comigo bailai!
E elas curvadas, arfando,
Começam, débeis, bailando.
E suas folhas, tombando,
Uma se esfolha, outra cai.
E o vento as deixa, abalando,
- E lá vai!......

...

E diz às altas ramadas:
Bailai comigo, bailai!
E elas sentem-se agarradas
Bailam no ar desgrenhadas,
Bailam com ele assustadas!
Já cansadas, suspirando;
E o vento as deixa, abalando,
- E lá vai!......

...

E diz às folhas caídas:
Bailai comigo, bailai!
No quieto chão remexidas,
As folhas, por ele erguidas,
Pobres velhas ressequidas
E pendidas como um ai,
Bailam, doidas e chorando,
E o vento as deixa abalando.
- E lá vai!......


Afonso Lopes Vieira



“Si marzo mayea, mayo marcea”: esta primavera se cumplió el refrán. Tuvimos 15 días de viento nordeste, a veces bailando y otros zoando. En muchos momentos bailó con demasiado brío... y el resultado final fue un poco exasperante: la espléndida floración del rosal trepador Albertine tuvo tres días de gloria y luego el viento frío de las noches le robó la lozanía. Intentamos ayudar regando dos veces al día, pero con escaso éxito.

Además algunas vivaces y rosales empezaron a tener un aspecto algo lánguido, así que recurrí al abono liquidó hecho en casa, como en los viejos tiempos: se dejan macerar unos días tres kg de abono orgánico y 20 litros de agua y luego se usa una regadera para aplicarlo, mezclándolo con agua hasta conseguir que la mezcla adquiera el color de un té fuerte.

Este trabajo supone horas de esfuerzo pero merece la pena. Siempre da buen resultado, seguramente debido a que, con la cantidad de lluvia que cae en esta zona, el agua arrastra muchos nutrientes que en el momento del crecimiento máximo de la primavera son imprescindibles para el buen desarrollo de las plantas.

Lo bueno fue que como los días ahora son largos y no hizo demasiado frío, las horas pasadas en estos trabajos fueron para mí horas felices.

Os dejo algunas fotografías de las plantas que menos sufrieron.