domingo, 25 de septiembre de 2016

Rosas resistentes al calor.


A petición de algunos amigos dejo aquí la lista de las variedades de rosa que mejor resistieron en mi jardín el calor extremo de este verano:
  • General Schablikine
  • Stanwell Perpetual
  • Golden Celebration
  • Ghislaine de Feligonde
  • Teasing Georgia clb.
  • Souvenir de St. Anne
  • Heritage
  • Cottage Rose
  • Souvenir de la Malmaison
  • Mutabilis
  • Felicia
  • Centenario de Lourdes
  • The Shepherdess





sábado, 24 de septiembre de 2016

Amores y desamores.




Agosto se fue dejando el jardín bien "agostado". Algunos rosales no resistieron los 42 grados centígrados a los que llegamos algunas tardes. Solo las dalias parecieron alegrarse con las altas temperaturas, el resto de las plantas tuvieron muchos problemas. Incluso empecé a sufrir de “desamor” por el jardín al tener que enfrentarme a tantos problemas y dificultades.


Algunas variedades de rosas superaron los calores mejor que otras. Con poco riego las viejas rosas Gálicas, más que centenarias, aguantaron valientemente.

Las Rugosas tampoco sufrieron demasiado. Hansa ya está floreciendo nuevamente, es un rosal que se desarrolla fácilmente sin cuidados especiales, no necesita ser podado, solo retirarle las ramas secas y alguna demasiado envejecida. Aunque no florece de forma exuberante, casi todo el año - aún en los días más fríos - nos regala alguna perfumada rosa.


Los rosales de floración única aguantaron razonablemente bien con los cuidados habituales: el abonado de primavera y un riego en profundidad dos veces a la semana. En los días de temperaturas altísimas les refrescábamos el follaje al atardecer.

Los híbridos de té quedaron desnudos de hojas, con un aspecto rígido, sin gracia, como si el sol abrasador los hubiera congelado.


Y a todos los demás - me refiero a los rosales de Austin, Peter Beales, Barni y Kordes - para intentar salvarlos les dimos los cuidados que podíamos y sabíamos: los acolchamos con algo de compost no demasiado hecho, casi todo hojas del invierno pasado y los regamos todos los días, por la mañana temprano y a la caída del sol hasta la noche cerrada ¡los días de más calor llegamos a utilizar cuatro mangueras al mismo tiempo!

Como contrapunto los rosales plantados en tiestos, que situamos a media sombra están repitiendo floración con normalidad. De entre ellos destaco a Reina de Suecia, que me regalaron hace poco tiempo, lo trasplanté a un tiesto alto y estrechó y hoy lo considero una joya del jardín, tal es la belleza y delicadeza de su colorido, entre blanco y rosado con reflejos nacarados. Gracias Pepa y Antonio, sois un encanto.


Tras un recorrido con calma observando con atención el cambio en el aspecto de las plantas, en especial de los rosales, pienso: ¡cuánta razón tenía André Eve cuando afirmaba “los rosales no quieren estar solos”! Los que están rodeados de vivaces se defendieron mucho mejor del exceso de calor.


Ahora ya tenemos temperaturas frescas y agua suficiente. Solo dos días de lloviznas y algún aguacero fuerte fueron suficientes para suavizar el entorno, decididamente a la Galicia profunda el mes de agosto no la favorece (opinión de jardinera poco hábil).







Después de la debacle del verano pienso que nuestros viveros tendrían que promocionar las plantas que se adaptan mejor a nuestro clima tan cambiante. Aunque el problema no es sólo nuestro, últimamente algunos jardineros franceses también se lamentan del mismo fallo: muchas de las plantas que se adquieren en los viveros se importan desde zonas y climas lejanos, y no se adaptan a ser plantadas en  condiciones muy distintas.

Es difícil aclimatar plantas procedentes de otras regiones: tras cuatro largos años de adaptación por fin están floreciendo maravillosamente unas anémonas - hermosas y suavemente perfumadas - que vinieron de Barcelona. Están multiplicándose y cada verano su floración es más copiosa. Le doy una vez más las gracias a Pep Bosch por su bonito gesto al enviármelas.



Si el otoño viene apacible el jardín y yo nos reconciliaremos. Un afectuoso saludo.



video

viernes, 12 de agosto de 2016

Amistad Sincera.

Amistad Sincera de Cebrià Camprubí Nadal.

Amistad Sincera es una hermosísima rosa blanca, creación de Cebrià Camprubí Nadal.
Se trata de una rosa blanca que en su capullo muestra la irisación de los tornasolados del nácar… necesitaría la pluma de Bécquer para describirla.

En mi jardín no debe de estar a gusto pues florece muy poco. Este verano - quizás por las altas temperaturas - nos regaló solo siete rosas. Una floración muy escasa y con rosas de vida fugaz. Así que ayer el último capullo fue muy visitado, alabado y acariciado, mientras todos le reprochábamos que tanta belleza fuera tan breve.

Está claro que las jardineras aficionadas también tenemos un punto de ingratitud.

Feliz verano.

sábado, 6 de agosto de 2016

El verano y sus avatares.




Canta rula, canta rula,
canta rula naquel souto,
Desgraciado do que espera
polo que está na man doutro.


Hoy recuerdo esta vieja copla popular, pues llevo días esperando por alguna foto del jardín que pueda transmitir la sensación de sosiego – pues creo que sosiego es la palabra adecuada para describirlo en estos días. Mi falta de habilidad fotográfica me obliga a depender de otros.

Hoy temprano por la mañana oí "rular" las tórtolas - así llamamos aquí a su zurear. Me alegró el alma su canto y también yo empecé mi día de trabajo en el jardín cantando.

Después de la extraordinaria floración de finales de julio - que tan pocos días pudimos disfrutar - tres jornadas de lluvias torrenciales transformaron la hermosa rosaleda en un amasijo de melaza marrón. Ahora parece tener la necesidad de un profundo descanso.


Este pequeño diluvio supuso muchos días de duro trabajo tratando de limpiar los restos del desastre. Los rosales lo agradecieron pues poco a poco, con la ayuda de riegos frecuentes, aparecieron nuevos brotes que prometen una segunda floración - y que ya empieza a regalarnos algunos capullos abiertos.

Al fin tengo las fotos que deseaba publicar.














viernes, 10 de junio de 2016

O Can de Palleiro.


Me piden que escriba la historia de la escultura robada. Lo intento y no sé cómo empezar. Se me atropellan las palabras y se enredan los recuerdos de una época rica en vivencias, de proyectos y de sueños.

Todo comenzó en una comida en la casa de nuestro primo Manuel Cordo Boullosa, en el año 1972, a finales de julio. Esos eran los días que le gustaba pasar en su aldea.

Residía en ese momento en Lisboa, con largas estancias en París y frecuentes viajes a lo largo del mundo. Su condición de gran empresario hacía de su vida - como algunas veces le oí decir - "un revirallo", cuando estaba en familia recurría con frecuencia a expresiones gallegas que usaba con gracia y acierto para enfatizar un sentimiento.

Manuel Cordo Boullosa.

Don Manolo - como todos en la aldea de Caritel le llamaban - fue un ilustre hijo de gallegos residentes en Lisboa, capital a donde se emigraba desde siempre en esta zona. Existen documentos de nuestra familia fechados en esa ciudad ya en el año 1648.

Manuel fue el más pequeño de cuatro hermanos que perdieron a su madre cuando él tenía sólo 18 meses. Su padre decidió entonces que sus cuñadas, mi abuela Esperanza y su hermana Amalia, se encargaran de la crianza de sus hijos.

Las dos niñas mayores se fueron internas al colegio de La Inmaculada en Marín, una niña de cuatro años quedó al cuidado de mi abuela que, por haber enviudado muy joven y tener tres hijas de corta edad, vivía en esta casa con sus padres, y el pequeño Manuel alternó estancias en Lisboa, con su tía Amalia y su padre, con otras largas temporadas en la aldea.

Nuestra vivienda familiar en aquel tiempo era una casa de labranza de mucho trabajo, como me contaba la abuela con tono de añoranza: "...teníamos un buen rebaño de ovejas, cabras para leche, 6 vacas, 2 bueyes de trabajo, machos (mulos) para llevar el maíz al molino y un caballo entero."

Don Manolo recordaba con emoción a los ayudantes en las faenas: Ramona, a la que mucho debían querer, y que vivía en casa como uno más de la familia. Perfecta y su hermana Concepción, jornaleras; a la primera aún la conocí y la quise muchísimo, muy mayor y ya muy enferma era todavía una extraordinaria contadora de cuentos. Los Barones - así los llamaban, aunque ignoro la razón - eran dos hermanos gemelos; los llegué a conocer ya con muchos años, afables y parlanchines, algo borrachines, medio canteros y hábiles arregladores de muros de piedra seca que las gentes de estas aldeas tanto cuidaban. Un buen muro representaba tu status. Esos viejos muros tan bellos, cubiertos de musgo y de pequeñas plantas, como el ombligo de Venus, que usábamos en nuestros juegos y a la que llamábamos “los arroces” por la forma de sus semillas. Con sus hojas carnosas hacíamos unos rudimentarios instrumentos musicales... Si algún día llegáis a intentarlo os daréis cuenta de lo habilidosas que éramos... no es fácil.

Y entre estos recuerdos no podían faltar los perros: Atrevido, Piloto y León. Nombres de viejos amigos.

Fue en este ambiente en el que el pequeño Manuel pasó parte de su infancia. Sin duda debió marcarle ya que a lo largo de su vida - tan distinta - con su trayectoria moviéndose por las esferas de la alta sociedad, casi todos los años hacia una escapada de algunos días para visitarnos. Siempre era recibido con mucho cariño en casa de sus primos ya que no tenía vivienda propia, pues la casa que su abuelo le dejó a su madre - y que ella no llegó a estrenar - la donó, transformándola en una escuela para los niños del pueblo.

Pasados muchos años construyó una casa funcional y agradable en la que le gustaba recibir a sus amigos más íntimos. En ella, gracias a una extraordinaria ama de llaves, las  invitaciones eran siempre una fiesta… ¡¡¡Gracias Fina!!!

[Enlace a la biografía de Manuel Cordo Boullosa editada por Caixa Galicia.]

Pero volvamos a aquella comida concreta en el año 1972. Don Manolo amenizaba con su elegancia y saber estar una mesa de doce personas. Entre ellas recuerdo con especial cariño al profesor Antunes Varela, un portugués de gran clase y un extraordinario conversador. Y también a Eduardo Coelho y su mujer, él era entonces administrador de la Shell en Portugal y ella, una señora francesa que me parecía un ser angelical, he olvidado su nombre pero no su elegancia, gracia y ternura.

En medio de la conversación, que giraba en aquel momento sobre la infancia del anfitrión, alguien le preguntó:

- “¿Qué recuerdas con más fuerza de ese tiempo?”

Y su contestación fue rápida:

- “O Can de Palleiro.”

A continuación tuvo que explicar la razón: cuando su tía Esperanza (mi abuela) los mandaba a “tapar el agua” a las fincas, algunas bastante alejadas de casa, él - que era muy medricas - sólo conseguía vencer su miedo gracias al perro que le acompañaba siempre.

“Tapar las aguas” era una especie de ritual. Una o dos veces a la semana los prados de cada familia tenían derecho a ser regados desviando el cauce de pequeños canales. El curso del agua se guiaba levantando y destruyendo con un azadón pequeños diques temporales de piedras y  terrones, de ahí la expresión “tapar”. Era un trabajo ligero, que podían realizar los niños, pero de gran importancia pues de él dependía la producción de pasto para el ganado y el horario asignado a cada casa  se respetaba estrictamente.

Había también “días libres” en los que no había horario asignado y cada casa podía desviar el agua a su antojo. Pero eso era  trabajo de mayores, pues en esos días se hacía la “retapa”, una auténtica guerra de acecho hasta altas horas de la noche... el último que tapase sería el que conseguiría que el agua fluyese más horas hacia sus fincas.

La conversación continuó entonces hacia los recuerdos de un atardecer de invierno. En el pueblo se celebraba un “serán” (una reunión festiva de vecinos para bailar y cantar) y el pequeño Manuel había tenido que ir con su prima María (él tendría entonces siete años y ella seis) a tapar el agua a As Corvas, finca cercana a la casa. Cuando iban hacia la finca, y como les pareciera oír pasos que les seguían, él se asustó, cogió la mano de su prima, y los dos se escaparon seguidos por su perro a donde estaba cantando y bailando la gente joven.

Siguió contando emocionado que a la mañana siguiente su tía le preguntó:

- “Tapaches l'agua Manueliño?”

- “Tapéi, tapéi, tía Esperanza.”

- “Tapaches, tapaches… Malo raio te parta! Homes coma ti son bos pra guerra!”


Resultó que los pasos que habían oído eran los de su tía - mi abuela - que los seguía como hacía siempre para que “non se asombraran”, como  diría ella. Así era aún en mi infancia: los niños tenían obligaciones que cumplir desde muy pequeños, y no valía decir "teño medo", ¡el miedo se dejaba en casa detrás de la puerta! Los mayores de nuestra casa, conscientes de lo importante que era que los niños aprendiesen a cumplir con  sus obligaciones desde temprana edad, los obligaban a realizar sus tareas por si mismos. Y siempre los seguían para protegerlos, a una distancia prudencial para que los pequeños no se diesen cuenta y aprendiesen a vencer su temor.

 Mamá Esperanza, mi abuela.

Me parece que aún puedo oírlo cuando a continuación dijo:

- "Eses pobres cans famélicos, pulgosos, que se lle contaban as costillas…"

- “Ah! Tal cousa dixo!” salté yo como un resorte: “¿Perros maltratados en nuestra casa? ¡Eso nunca!”

La discusión a partir de ahí fue dura pero hilarante. Aunque yo le tenía un gran respeto y un enorme afecto, entre risas y veras tuvo que retractarse. Y como castigo se le impuso la obligación de levantar un monumento a ese perro guardián, fiel amigo de todas las casas, y avisador en la noche de pasos extraños. Quizás en algunas casas algo maltratados… ¡Pero no en la nuestra!

Alguien nombró entonces a un herrero de Pontevedra, hábil forjador y buen escultor, José Luis Penado. Él fue el encargado de hacer la escultura hermosa y entrañable que hasta hace unos días nos recibía siempre a la entrada de la aldea.

Ahora resta el pedestal vacío.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Amigos de lo ajeno.


Unos ladrones se llevaron hace algunas noches la escultura que nos acompañaba desde el año 1973 en la entrada de nuestra aldea.

Era una bonita reproducción de un perro a escala natural, realizada en bronce por el escultor pontevedrés José Luis Penado en homenaje al humilde "Can de Palleiro", el perro que siempre hubo en todas las casas de nuestras aldeas, flaco y no siempre muy bien tratado, pero fiel compañero de día y seguro guardián de las noches. O como diría mi abuela: “avisador de pasos extraños”.


Tiene una bonita historia el sentimiento que inspiró el encargo de esa escultura, quizá otro día con el espíritu más sosegado consiga contárosla.


Agradecería inmensamente cualquier pista que nos permita recuperarlo.

Un gran abrazo a todos en estos días tristes.



lunes, 23 de mayo de 2016

Herbicida en nuestras carreteras.


Hoy hice un recorrido por las carreteras de mi entorno. Me acompañó todo el tiempo una niebla cálida y trasparente como una cortina de tul, que realzaba la inmensa belleza del camino. Sería una estampa perfecta de no ser por los bordes de las carreteras quemados por el herbicida.


Y no es sólo un  problema estético, llevamos muchos días sufriendo sus efectos: aftas en la boca, irritación en los ojos, dolor de garganta. Y para aquellas personas más sensibles a los productos químicos los efectos son incluso más desagradables.

Me consta que en el informe que les entregan a los ayuntamientos garantizan que el producto usado no es tóxico. Hemos llamado al departamento correspondiente del Gobierno y nos han dicho que no debemos preocuparnos, que son sustancias que sólo son peligrosas si se aplican cerca de cursos  de agua. Y yo me pregunto: ¿Nadie les ha  explicado a esos señores tan sabios que las cunetas de la carretera están precisamente para recoger el agua de lluvia que cae sobre el asfalto y dirigirla hacia regatos y ríos? Especialmente en una zona tan húmeda como la nuestra.


No parece preocuparles; nos han dado la composición de los tres productos que utilizan y nos han tranquilizado diciendo que no hay ningún problema:

SPASOR  PLUS
Fabricante: Monsanto Agricultura España
Composición: Glifosato 36% (Sal Potásica)

PISTOL FLEX
Fabricante: Bayer Environmental Science S.A.S
Composición: Diflufenican 36%, Iodosulfuron-Metil-Sodio 1%[WG] P/P

VELEZIA
Fabricante: Total Fluides
Composición: Aceite de Parafina 78%

Tendremos que creernos que es cierto, y que todas las molestias que sufrimos son imaginaciones nuestras - cosas de aldeanos ignorantes.


 Así que a pesar de la lluvia que aún continúa cayendo, os propongo un pequeño paseo por el jardín, aunque las fotos no consiguen captar la belleza que deja el agua.

Nos incomoda un poco la humedad - lo confieso. ¡Pero al jardín no! está pleno de vigor y de brillo.

Con las fotos os dejo. Un gran abrazo.