lunes, 26 de octubre de 2009

lunes, 12 de octubre de 2009

domingo, 11 de octubre de 2009

María Helena Barroso.



Llueve. Refrescó y el jardín se prepara para el descanso. Lo merece pues, aunque el año no haya sido de grandes y largas floraciones, las plantas están sanas y no tuve que darles especiales cuidados - otros años les dediqué más tiempo con peores resultados.

Hoy las más hermosas del jardín eran las de David Austin. Scarborough Fair está cuajada de botones y las rosas abiertas resistieron las lluvias de estos días sin sufrir demasiado

Pero por ahora dejaré descansar al jardín. Dedico esta anotación a María Helena Barroso, amiga querida de tantos años, casi tantos como llevamos caminando.


Minha Querida, estes dias todos estive contigo. Sei que tudo está bem.

Sabes que soneto repetía como se fosse uma preçe? “Cheia de graça, Mae de misericordia.” Lembraste?...

Num sonho todo feito de incerteza,
De nocturna e indizivel anciedade,
É que eu vi teu olhar de piedade,
E, mais que piedade, de tristeza...

Já estás a sorrir, eu sei,... sorrir é saude. Escrever este soneto completo é imposivel, este teclado é espanhol, portanto faltam acentos, mas posso ofrecer-te este outro soneto traduzido ao castellano, e - curiosamente - conserva a profundidade das frases e a beleza do ritmo.

Credo de Natália Correia.

Creo en los ángeles que andan por el mundo,
creo en la diosa con ojos de diamantes,
creo en amores lunares con piano al fondo,
creo en leyendas, en hadas, en Atlantes.

Creo en el ingenio que falta más fecundo,
de armonizar las partes disonantes,
creo que todo es eterno en un segundo,
creo en un cielo futuro que tuve antes.

Creo en los dioses de un astral más puro,
en la flor humilde que se arrima al muro,
creo en la carne que enfatiza el futuro.

Creo lo increíble, en las cosas asombrosas,
en la ocupación del mundo por las rosas,
creo que el amor tiene alas de oro. Amén

Hoje tenho só mais um abraço forte, os melhores desejos e, como sempre, o meu carinho.

Maruxa.




domingo, 4 de octubre de 2009

Rubiáns ao nacente, chuvia moita e de repente.

Como en los tiempos de mi infancia me gustan los “baños de la castaña”, son los baños en el mar de septiembre: agua templada y aire limpio. Hace unos ocho días, volviendo de la playa, pudimos contemplar una puesta de sol de una inmensa belleza, hacia el este el cielo era de un azul intenso con montañas de nubes blancas y rosadas, y en lo alto un color carmesí intenso con reflejos anaranjados. Entonces les dije a los que me acompañaban el viejo refrán: “Rubiáns ao nacente, chuvia moita e de repente”. No parecía posible después del día tan hermoso y con la temperatura tan agradable de la tarde. Como las nubes estaban muy altas vaticiné que hacia naciente, aunque lejos, estaría diluviando. Ya veis que sabiduría poseían nuestros ancestros: Alicante nos cae a naciente y por las noticias parece que les cayó un buen chaparrón.

Hoy está lloviznando y el jardín mañana estará remozado; las zonas donde no llega el riego están mustias y llenas de polvo. Así que bienvenida sea la lluvia y, ya que hemos tenido la suerte de no tener incendios - que tal como están los montes serian pavorosos - tenemos que bendecirla. Si nos salvamos del fuego este otoño la próxima primavera nuestros montes compensarán las incomodidades de un viaje.

Adjunto unas fotografías de mi jardincillo silvestre, estoy encantada pues las violas, que me gustan especialmente, no las sembré sino que vinieron solas - y no dejo que las pisen. Lo siento por la incomodidad que pueda suponer el aparcar los coches en invierno un poco más lejos de la puerta. En verano coloqué una suerte de STOP: llené el espacio con tiestos, prometiendo que para el invierno los retiraría. Pero creo que no lo haré, pues esas flores son como un regalo de un amigo que debemos respetar.



"Señal de tráfico" en el jardín.

Este mes de septiembre la floración de los rosales no fue tan hermosa como los años anteriores, en parte por mi culpa, no pude darles el aporte de sulfato de potasio al final de julio.

Aún así merece un premio Centenario de Lourdes, floribunda de Delbard-Chabert, es un rosal seguro en la floración, sano y poco exigente, tiene el fallo de carecer de aroma y como flor cortada no dura más de un día, pero yo le tengo mucho cariño, es un amigo fiel y trabajador, necesita poco descanso y en las horas del atardecer su colorido, que dicen ser un poco apagado, se vuelve luminoso y alegre. Sin duda es uno de los rosales que más recomiendo a los pocos amantes de las rosas que conozco.